Un dia como Hoy: “Un sacerdote anotaba, en la Libertadores, un gol para la historia” | abril 29, 2013 8:51 pm, 3.912 Leídas

En la extensa historia que tiene la Copa Libertadores un sacerdote tuvo espacio para la suya y difí­cilmente será igualada. El autor de ella fue Juan Manuel Bazurko, un vasco de San Sebastián, que llegó a Ecuador para difundir la palabra de Dios y continuar con la misión que habí­a comenzado en su paí­s.

Lo que pocos sabí­an, era que este muchacho que habí­a llegado a la Mitad del Mundo, tení­a 25 años y que en su valija traí­a al lado de la biblia, los botines. Además de ser cura, era un delantero fuerte de fí­sico, macizo de mente y con el arco dibujado entre las cejas.

Barcelona de Guayaquil lo fichó y lo inscribió para jugar la Libertadores de 1971 junto a Alberto Spencer, el Pibe Bolaños y el brasilero Pepe Paes. El Idolo de Ecuador pasó la Primera Fase venciendo a Emelec en un desempate y llegaron a las semifinales donde les tocó enfrentarse a Estudiantes de La Plata, tricampeón de América. En Guayaquil los venció el Pincharrata por la mí­nima diferencia y en La Plata lo hizo Barcelona, gracias al tanto heróico de Bazurko en esa noche de Otoño que acompañó el cotejo.

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Pasión Libertadores llamó a España para hablar con él para que nos compartiera, a todos los que amamos esta competición, ese momento glorioso e inolvidable del 29 de abril de 1971.

-¿Cómo llegó al Barcelona?
-Yo llegué a Ecuador a la Provincia Los Rí­os, allá jugaba algunos partidos y me iba tan bien que me llevaron a la Liga Deportiva Universitaria de Portoviejo. En 1971 Barcelona se habí­a clasificado a la Copa Libertadores y me propusieron jugarla con ellos; a mi me gustaba tanto el fútbol que acepté y tuve la suerte de jugar esa hermosa competición

-Tuvo algún “inconveniente” cuando juntó religión y fútbol…
-No, al contrario: a la gente le encantaba que “el padresito” jugara (risas)

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-Con sus compañeros…
-Si, continuamente me hací­an una que otra broma. Todos la pasábamos muy bien y siempre me tomaban el pelo y yo también lo hací­a. No me podí­a quedar atrás. Era una relación muy maja.

-¿Cómo fue esa Copa Libertadores de 1971?
-Yo cuando llegué a Ecuador habí­a oí­do algo de la Libertadores y tuve la oportunidad de jugarla. Me acuerdo que nos tocó en la primera ronda contra los equipos colombianos (Junior y Deportivo Cali) y Emelec. En semifinales enfrentamos a Estudiantes de La Plata y Unión Española. Nos quedamos en esa instancia porque en Chile jugamos muy mal, sino, seguro hubiéramos jugado la final.

-Los duelos con Estudiantes…
-En Guayaquil perdimos 0-1, Estudiantes nos jugó como se juega ahora. Se vení­an todos hasta adelante, nos atacaban todos. Nos hací­an correr a los delanteros también. En la revancha ganamos con mi gol y el estadio se transformó en una caldera. Los argentinos no podí­an creerlo, nos tiraron monedas, naranjas y muchas cosas más…esa noche fue como David y Goliat: el Barcelona habí­a jugado muy pocas veces la Libertadores y Estudiantes ya habí­a ganado tres (risas).

-¿Cómo fue ese gol?
-Estudiantes en su cancha jugaba más abierto y no se defendí­a tanto. Nos dejaron un espacio y en cuatro toques, sacó la pelota el arquero, tocó de cabeza un compañero, me cayó a mí­ y con un jugada logré anticipar al arquero y tirársela por encima. Fue un gol muy rápido. Fue en el minuto 18 del segundo tiempo y después de eso nos olvidamos de atacar, hasta yo me paré de defensa. Estudiantes era muy fuerte en su estadio y su hinchada nunca la habí­a visto perder.

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-¿Qué pasó después?
-Mis compañeros, el médico, el masajista…todos estaban locos. Me contaron también que Guayaquil fue una fiesta. Es que en ese momento ganarle a un equipo argentino era una hazaña.

 

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-¿Cómo fue el recibimiento en Ecuador?
-Inolvidable, no hay otra palabra para describirlo.

-¿Usted dejo de jugar al fútbol para ser sacerdote?
-Si, yo ya era sacerdote. Sólo aproveché la oportunidad para ser futbolista y ya. Probé, me gustó y pues hice goles importantes. Casualmente, vinieron directivos de la Real Sociedad, me pidieron que me entrenara y que jugara con ellos. Un goleador siempre va a ser cotizado.

-¿Pensó en algún momento en ser entrenador y compartir el sacerdocio?
-No, sólo aproveché esa oportunidad de jugar y ya. Yo sólo querí­a ser sacerdote y era lo que amaba.

-¿Qué recuerda de la hinchada del Barcelona?
-Era una hinchada hermosa, exigente y fiel. En ese momento y seguro hoy, son los que más seguidores debe tener en el paí­s. A mí­ siempre me trataron muy bien y yo guardo los mejores recuerdos de ellos.

-Para las nuevas generaciones: ¿cómo era usted como futbolista?
-Era otra época, hoy veo que se corre más. Nosotros no corrí­amos tanto. Yo le pegaba muy bien con las dos piernas y con la cabeza andaba bien. Para que se den una idea: yo hací­a goles, como el que le hizo Falcao al Chelsea. Yo ni bien podí­a chutaba al arco, sin importa el perfil. Yo en las 18, era letal y muy ágil.

 

 

 

 

 

 

Fuente :    CristianMejiaBautistaPasiónLibertadores  

 


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